Hesperidina, el sabor amargo bien argentino
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Una mañana de octubre de 1864, los habitantes de Buenos Aires, amanecieron con una intriga: la palabra Hesperidina pintada en las calles. Nadie imaginó que iba a suceder. Repasemos la historia de esta amarga sorpresa.

El padre de la Hesperidina
Este misterio continúo por casi dos meses hasta que, el 24 de diciembre el Diario La Tribuna, reveló la intriga con un anuncio publicitario e invitando a los porteños a beber Hesperidina. Llegaba a la ciudad rioplatense, un bitter o amargo a base de cáscaras de naranjas amargas.
Todo comenzó con un inmigrante oriundo de Boston, Melville Sewill Bagley. Se instaló en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires y trabajando en la farmacia del barrio de Montserrat “La Estrella”, creó esta pócima.
Melville, se inspiró en bebidas similares de origen europeo. Destilo cortezas de naranjas amargas, y obtuvo el ingrediente mágico: la hesperidina, un componente con propiedades curativas para el estómago. Utilizó para la elaboración, alambiques y tubos de ensayo, para transformar las naranjas de una quinta de Bernal, en este fabuloso tónico.
Lo curioso es que, en la actualidad, todos pensamos en la salud, en comer y beber mejor. Nos importa cuánto y qué tomamos, y quién lo produce.
Sin embargo, a veces olvidamos, que decenas de licores y amargos, que hoy son marcas famosas que se lucen en la barras, nacieron como pócimas con funciones medicinales,
Hesperidina, es un claro ejemplo de esta intensión, y su ADN es 100% argentino.
Su nombre, deriva de la “hesperidina”, un bioflavonoide (antioxidante vegetal) abundante en cítricos como naranjas y limones. Se utiliza principalmente para mejorar la circulación sanguínea, fortalecer vasos sanguíneos, reducir la inflamación y tratar hemorroides o várices.
Un licor amargo, con un porcentaje de alcohol de 26% (moderado), que se puede diluir su consumo con soda y hielo, y es verdaderamente rico. ¿Qué más se le puede pedir?
Pionera en marca y propiedad intelectual
Este tónico, de origen porteño, llegó a los hospitales de campaña durante la Guerra de la Triple Alianza y fue administrado con buenos resultados. Debido a ese éxito y a su gran consumo, llegaron las adulteraciones.

Bagley, reclamó insistentemente a la administración nacional, la creación de un registro de marcas y patentes. Y así fue, como el 27 de octubre de 1876 se crea el registro y Hesperidina fue la primera marca que se registró en Argentina.
Tal fue el éxito de la bebida que no tardaron en aparecer falsificaciones o imitaciones de dudoso origen, por lo que su creador se encontró en la necesidad de imprimir también las etiquetas de Hesperidina en la Bank Note Company de New York.

Hesperidina es, sin dudas, mucho más que una bebida. Es un pedazo de la historia argentina, una expresión de su cultura y un ejemplo de cómo la tradición puede coexistir con la innovación.
Ha sido la favorita de los gauchos, los tangueros, los trabajadores, los inmigrantes que anhelaban esos sabores de su “lejana tierra mía”, y al día de hoy, de los bartenders de todas las generaciones, que reconocen sus bondades y no dudan en sumarla a sus recetas.
Hoy este licor amargo argentino, de profundo aroma cítrico, y un amargo dulce equilibrado. está más vigente que nunca. No dudes en incorporarla a tu barra. En un vaso, con hielo y tónica o pomelo, o simplemente soda, es realmente delicioso.
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