Redondo, dulce y rico. ¿Qué es?
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La golosina más amada, infaltable en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero: el alfajor.

Más que una golosina
Los alfajores son un ícono nacional, la golosina por excelencia de los adictos a lo dulce. Pero, ¿cuál es el verdadero origen de este clásico de la gastronomía argentina?
Sin dudas, es un símbolo de nuestra cultura, nuestras costumbres, y la golosina por excelencia. Si la malbec es la embajadora de nuestros vinos, el alfajor lo es del sabor dulce. Puede acompañar un mate, ser el postre improvisado de una merienda, y el regalo perfecto cuando visitamos amigos o familiares en el exterior.
De acuerdo a estudios, el origen en Argentina radica en el siglo 18, cuando vendedores ambulantes ofrecían dos masitas de mandioca con dulce en el medio. Así lo explica, Jorge D'Agostini, autor del libro Alfajor argentino: historia de un ícono, donde también relata que, un siglo después, aparecieron los primeros establecimientos especializados y, otro siglo más tarde, comenzó el proceso de industrialización de este alimento.
Pero la historia nos hace viajar mucho más. El alfajor argentino, sería primo del alfajor andaluz que se sigue fabricando en la actualidad y este, a su vez, un descendiente de la cultura y los sabores árabes que estuvieron durante 700 años en esas tierras e influenciaron a toda Europa con muchos productos.
Se llamaba “al-hasú” que en árabe significa el relleno. Con el tiempo, la palabra se fue deformando y pasando de “alaxur” a “alfaxor”, hasta transformarse en “alfajor” cuando llegó a América, en el siglo XV.
Los argentinos tenemos un paladar muy dulce, cosa que no ocurre en Europa, donde los sabores son mucho más equilibrados. Y por esa razón, el agregado del dulce de leche, y el tradicional baño de chocolate, fueron las claves de la fórmula del éxito, a la que nadie puede resistirse.
Cuando se disparó la demanda, grandes marcas como Bagley y Terrabusi, que eran las fábricas de galletitas más grandes del mundo en ese momento; deciden meterse en la fabricación de alfajores. No sólo logran un gran éxito, sino que el producto multiplica sus ventas un 600% en una década y explota en los años ´80.
La nueva era

Luego llegaría la etapa de la diversificación que vivimos hoy. El alfajor no ha sido indiferente a las nuevas tendencias que moldean el paladar de los consumidores.
La introducción de productos innovadores desde el alfajor de maizena hasta los alfajores con harinas de almendra, dulce de leche con flor de sal o alguna especia, mermeladas de frambuesa o naranja, o el último gran lanzamiento que se volvió viral como el alfajor de pistacho, han dinamizado la categoría y dan pruebas de la resiliencia de la golosina, en épocas de crisis.
Alimentos más saludables, información sobre el origen y el productor, el compromiso de las marcas con el cuidado del medioambiente, la sostenibilidad y sustentabilidad, son entre otras las elecciones del consumidor que moldean su paladar.

Además, el alfajor nos emociona, y no es poco. De hecho, en un mundo donde se compite por la atención y la información es abrumadora; el consumidor elige el producto con el que conecta emocionalmente. Y el alfajor en este atributo es imbatible. Sentarnos con el mate, o un rico café, o una copa de vino dulce, a disfrutar de ese alfajor que elegimos, es un momento único y de disfrute.
Otros datos curiosos
El alfajor se consolida como la golosina más elegida en Argentina, con 4.380 millones de unidades anuales.
El consumo per cápita anual se estima en casi 100 alfajores por habitante.
Un mercado con 50 marcas aproximadamente.
La plataforma Taste Atlas, un sitio de referencia global en el mundo culinario, eligió a una marca nacional como el mejor alfajor del planeta. El producto galardonado pertenece a la fábrica El Nazareno, originario de la provincia de Córdoba. Mejor aún, dentro del ranking, cada año, dominan las marcas alfajores elaborados en Argentina.
Fotos: gentileza de Cachafaz (www.cachafaz.com)
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